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Depresión y suicidio: los devastadores números de un problema mundial

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta sobre el riesgo de esta problemática en aumento. Los expertos refuerzan la importancia de acudir a la consulta ya que buena parte de los trastornos que pueden ocasionar conductas suicidas se pueden tratar.

Cada año, 800 mil personas terminan con su vida. Es una cada 40 segundos,según datos consignados por la Organización Mundial de la Salud en el informe Suicide Prevent. Este número excede el total de muertes ocasionadas por los homicidios y las guerras combinados y se ubica como la segunda causa de muerte en la población de entre 15 y 29 años.

Pero no solo preocupan los hechos tristemente consumados, sino también los que no se concretaron. Se estima que por cada adulto que se suicida, hay 20 que lo intentaron. Además, en buena parte de los casos, hay un trasfondo de sufrimiento prolongado. Cuadros de depresión u otros trastornos que la psicoterapia pueden tratar.

Los números sacuden y estremecen. Más aún, cuando casos resonantes llegan a los medios y a la conversación social. Pero es la propia OMS la que también ha asegurado en sus informes que “intervenciones efectivas y basadas en evidencia pueden ser implementadas en la población, subpoblación y a niveles individuales para prevenir el suicidio y los intentos de suicidio”.

Por eso, vale la pena hacerse algunas preguntas: ¿Qué podemos hacer frente a este fenómeno? ¿Cómo ayudar a quien está pasando por un momento de angustia y tristeza que le impide ver y abrazar su propósito vital? ¿Cuáles son las señales de alerta que presenta alguien frente a esta situación?

Hay diagnósticos que están asociados con el riesgo suicida: trastornos depresivos, el trastorno bipolar o el trastorno límite de la personalidad. Hay muchas más posibilidades de encontrarse frente a un intento de suicidio o un suicidio concretado si la persona presenta alguno de estos diagnósticos”, asegura Eduardo Keegan, profesor de Psicoterapia de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Con respecto a los diferentes escenarios, este experto señala: “Hay dos poblaciones de potenciales suicidas. Por un lado, las personas que intentan eso desesperadamente porque atraviesan mucho sufrimiento y otro es el grupo que efectivamente quiere morir porque no le encuentra el sentido a la vida”.

En relación a las señales de alarma, este doctor en Psicología, que desde hace 25 años estudia la depresión y su tratamiento cognitivo-conductual, señala: “Algo que sirve como predictor del suicidio es el nivel de desesperanza. Hay escalas específicas para medirlo, pero en general se manifiesta en mucho escepticismo respecto del presente y de que las cosas cambien en el futuro. Por otro lado, que las personas tengan una mejoría abrupta, aparentemente injustificada, puede ser un indicador de que tomaron la decisión de suicidarse. Lo mismo cuando las personas hablan de la posibilidad de matarse. La gente cree que esto es a la inversa, pero no es así. También cuando la persona se desprende de cosas muy valiosas puede ser una señal de advertencia. Estas son algunas de las más genéricas. Es importante señalar que siempre es un profesional el que tiene que evaluar cada caso. Por eso es importante el tratamiento”.

Por su parte, Marcelo Cetkovich, médico psiquiatra (matrícula: 65636]) y director de los departamentos de Psiquiatría de Ineco y de la Fundación Favaloro, señala: “El 95 por ciento de los suicidios tiene que ver con trastornos mentales. Por eso, el foco tiene que estar puesto en los trastornos. En su gran mayoría, depresión, trastorno bipolar, psicosis o trastornos de la personalidad. Cuando aparecen casos de suicidio de personajes conocidos se tiende a historizar el suicidio ( ‘se suicidó porque…’), y en realidad hay que hablar del trastorno que probablemente padecía la persona”.

Marcelo Cetkovich, médico psiquiatra [matrícula: 65636] y director de los departamentos de Psiquiatría de Ineco y de la Fundación Favaloro, señala: “El 95 por ciento de los suicidios tiene que ver con trastornos mentales. Por eso, el foco tiene que estar puesto en los trastornos”.

Hablemos de depresión

Según las estimaciones de la OMS, la depresión afecta a unas 300 millones de personas en el mundo. Tal como consigna en uno de sus informes, esta enfermedad (cuya denominación abarca más de 20 clasificaciones), puede convertirse en un grave problema de salud si no es tratada a tiempo. Como puede generar un gran sufrimiento y alterar las actividades laborales o escolares y personales, se cree que para 2030, podría convertirse en la principal causa de discapacidad en el mundo.

Pero empecemos por el principio: ¿qué es la depresión y qué relación tiene con el suicidio? “En Occidente, sobre todo, hay una relación fuerte entre el suicidio y la depresión, -sostiene Keegan-. La depresión es un trastorno que afecta las emociones, la conducta y la percepción que se tiene de la realidad. El depresivo tiende a tener una visión muy negativa de sí mismo y del mundo. Nosotros vemos a la depresión como una forma patológica de reaccionar ante las pérdidas, que hace que tengas una conducta muy dramática, pesimista y puede llegar a que decidas poner fin a tu existencia”.

Teniendo en cuenta estos indicadores, ¿cómo ayudar a alguien que puede estar atravesando esta enfermedad? Quizás la mejor forma de hacerlo sea alentar a la persona a la consulta con un profesional, que puede detectar específicamente cuál es el diagnóstico y comenzar así un tratamiento acorde.

Es importante, cuando uno forma parte del entorno de una persona que está atravesando esto, no trivializar el sufrimiento de la persona. No hacer ‘palmo-terapia’ y decir: ‘Todo va a ir mejor’, -dice Keegan-. Hay que ser pacientes, estar cerca y no abandonar a la persona cuando se deprime. Si se puede involucrar a la persona en algo que le pueda resultar significativo, esto también ayuda. Lo importante es saber que es sumamente tratable y que hay que alentar a la persona a que consulte”.

“Es importante, cuando uno forma parte del entorno de una persona que está atravesando esto, no trivializar el sufrimiento de la persona. No hacer ‘palmo-terapia’ y decir: ‘Todo va a ir mejor'”, dice Keegan.

En el mismo sentido, Cetkovich sugiere: “Los trastornos mentales son estigmatizantes y tendemos a meter la cabeza abajo de la tierra cuando alguien está mal. Lo importante para ayudar es tener cualquier gesto que indique que estamos dispuestos a acompañarlo en su sufrimiento. Las personas con depresión lo que más resienten es que las personas de su entorno se alejen. Lo importante es comunicar algo en esta línea: ‘Sé que las estás pasando mal. ¿Querés que charlemos?, charlemos. ¿No querés que charlemos? , acá estoy igual’. Si lo vemos muy cambiado y súbitamente modifica la conducta, decirle: ‘acá estoy’. Es importante que la persona no se sienta excluida ni abandonada en ese momento”.

Fuente: TN