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Empresas chicas, pero sustentables

Adoptar un enfoque de RSE en una pyme requiere de hacer un buen diagnóstico, reconocer prácticas existentes y alinearlas a la estrategia de negocios. Es clave el compromiso de los directivos y la mirada a largo plazo. Por Rosa Londra | El Cronista

 

foto2¿Cómo se gestionan los residuos que generamos? ¿Qué valores transmitimos con nuestros productos o servicios? ¿Buscamos consumir menos recursos naturales? ¿Promovemos el buen trato a los empleados? ¿Nos relacionamos bien con la comunidad que nos rodea? Así, en primera persona, las Pymes comienzan a conjugar preguntas cuyas respuestas las llevan a la sustentabilidad. Porque el reconocimiento de un nuevo rol por parte de las empresas en cuanto a su propio crecimiento, el progreso social de su entorno y el cuidado del medio ambiente está instalado y se incorpora también a las organizaciones pequeñas y medianas. “Muchas Pymes cuentan con buenas prácticas a las que tal vez hasta el momento no se las ha considerado como parte de un enfoque de RSE”, dice Fernando Passarelli, coordinador General de Valor, RSE+Competitividad, de la AMIA, el programa que implementa la entidad junto al BID y que trabaja con Pymes que forman parte de la cadena de valor de grandes empresas.

El consultor enfatiza la importancia de las herramientas destinadas a diagnosticar y planificar. “Son la clave de una implementación exitosa ya que si se parte de supuestos incorrectos, los resultados no serán los esperados”, explica. Definir los primeros pasos para implementar acciones de RSE surge de un diagnóstico adecuado. “Cada empresa tiene sus fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas”, dice Passarelli, para quien las lecciones aprendidas muestran que el trabajo más relevante en las Pymes es con su conducción: mejorar las habilidades de management y gestión, salir del cortoplacismo y sistematizar un plan, son los factores clave para lanzarse a la acción.

En el caso de SIE, empresa de seguridad privada referente de mercado en el segmento residencial, sus propias inquietudes respecto del negocio como las de su cliente IRSA, quien los invitó a comenzar a trabajar en RSE a través del Programa Valor, se conjugaron. “Queríamos consolidarnos y diferenciarnos de otras compañías por el profesionalismo y, de las grandes multinacionales, por la personalización y flexibilidad de nuestros servicios”, explica Juan Pablo Toro, Director General. Pero la actividad presenta barreras de entrada muy bajas y un alto índice de informalidad. “Por eso queríamos generar mayor sustentabilidad para el negocio a través de prácticas y políticas que otorgasen previsibilidad, formalidad y trascendencia a los procesos y políticas”, dice. Así, identificaron las posibles acciones para lograrlo. “Como el área a transformar debía tener impacto en el negocio nos concentramos en Prácticas Laborales: queríamos ser la mejor empresa de seguridad argentina para trabajar, cumpliendo el marco legal-laboral y orientados al bienestar de nuestros empleados”, dice Toro. Para esto, trabajaron la comunicación -lanzaron el newsletter “Diálogo SIE”-; realizaron una encuesta de clima laboral, que además de arrojar altos índices de satisfacción aporta oportunidades de mejora; se reunieron con empleados y clientes donde analizaron la prestación de servicios y las condiciones de trabajo. También comenzaron a evaluar anualmente el desempeño e implementaron encuestas y entrevistas de desvinculación para evaluar la experiencia del paso por SIE. ¿Los resultados? “Algunos fueron inmediatos y medidos en grado de satisfacción de los empleados, bajos índices de rotación y ausentismo; y, cualitativamente, por medio del feedback permanente de empleados y clientes”, dice Toro. “La relación cliente-proveedor entre SIE e IRSA se tornó en estratégica: se generó un sentimiento de confianza hacia nuestra empresa y un compromiso común con la calidad, la formalidad y la sustentabilidad.

No tanto idealismo

Entre los errores habituales a evitar que los especialistas listan hay uno importante que es el de afrontar temas de RSE con un alto grado de idealismo. “La primera responsabilidad social de las empresas es ganar dinero para ser financieramente sustentables. Todo lo demás debe alinearse a esta lógica. Las iniciativas que no tienen una justificación con la mejora de la competitividad tienden a discontinuarse”, explica Passarelli. Hay Pymes que desarrollan planes de RSE por iniciativa propia y sin vinculación a una cadena de valor. “Sin embargo, un buen plan de RSE debería aportarle a la Pyme atributos competitivos que la posicione en un lugar de privilegio frente a sus competidores. Si opera en una cadena de valor puede plantear a la empresa con la que está vinculada para ver si cuenta con un programa de desarrollo de proveedores, clientes o distribuidores o podría proponer un plan de mejora de implementación conjunta”, propone el especialista.

Para Alberto Willi, profesor de RSE y Sustentabilidad del IAE, hay verdaderas acciones de RSE escondidas en las Pymes. “Acompañar proyectos de los empleados o involucrarse en cuestiones comunitarias son acciones habituales porque por su tamaño están muy cerca de sus grupos primarios”, explica. La contracara de estas acciones es que a veces se encaran con espíritu paternalista o filantrópico, y no con un sentido estratégico. Por ejemplo, para una empresa elaboradora de alimentos, sería estratégico colaborar con la comunidad en actividades relacionadas con la capacitación en nutrición o en voluntariado corporativo en comedores. Willi apunta que la firma debe ser consciente del impacto que tiene y debe medir y evaluar sus acciones. Lo primero es la toma de decisión del directivo. ¿Por qué una Pyme decide encarar acciones de RSE? Para entrar a un nuevo mercado, porque lo hacen los competidores o porque recibieron una invitación a un programa de RSE, por ejemplo.

Necesidad de grandes inversiones es una de las ideas preconcebida que los especialistas refutan. “No se trata de eso, sino de tener una mirada distinta, que puede requerir inversiones importantes, pero que no necesariamente deben hacerse ya, sino que hay muchas acciones de mitigación de esos impactos que pueden comenzar a desarrollarse antes”, explica Willi.

Acompañar iniciativas
Para Elemento, la empresa textil argentina que desde 1990 diseña, fabrica y comercializa medias y ropa interior para mujeres, hombres y niños con materia prima nacional, fue la iniciativa de sus propias empleadas lo que hizo que tuviera un rol más activo en responsabilidad social. “Nació del lema de la empresa, ’Llevar alegría a todos lados’, y para concientizar sobre la importancia del cuidado del medioambiente. Colaboradoras de la firma comenzaron a armar, con los retazos de las medias, muñecos, alfombras, cortinas, entre otros objetos. Los resultados fueron muy buenos y Elemento lo extendió a toda la comunidad”, cuenta Pía Groppo, Directora del Programa Pies en Acción, el proyecto-taller que capacita a comunidades vulnerables para crear objetos con sus propias manos. Primero, se integró la comunidad del barrio donde se encuentra la fábrica; luego, se hizo extensivo a ONGs de la ciudad o del país. “La idea es capacitar a mujeres en situación vulnerable para que desarrollen su potencial en un marco de alegría y creatividad”, explica Groppo.

Lucas Utrera, profesor de la Universidad Siglo 21 y autor de “RSE y sus mitos. Manual Básico para refutar a ingenuos y escépticos”, hace foco en la convicción de los dueños de la empresa en estos temas. Para incorporar criterios sociales y ambientales en las operaciones y en los productos o servicios que la pyme ofrece es importante ver en detalle cada una de las actividades de la organización. Por eso, recomienda acudir a herramientas de autodiagnóstico para Pymes, por ejemplo, los indicadores Ethos-IARSE, o recurrir a espacios de capacitación, como el Programa de Empresas Familiares de la Universidad Siglo 21. “Allí, las diferentes generaciones de las familias fundadoras de empresas dialogan teniendo miradas muy diversas sobre la sustentabilidad y los negocios”, cuenta.

La gestión orientada a la sustentabilidad comienza por una combinación de tres “C”: convicción de los dueños; conveniencia ante las tendencias del mercado y coerción, debido a una crisis o nuevas exigencias, por ejemplo, de empresas clientes.

Para Necho, la empresa nacional fabricante de bolsas plásticas para residuos, que hace 30 años creó una nueva categoría de negocio -y descomoditizó las bolsas para residuos creando la marca Asurin-, hoy el desafío es otro: ampliar y mejorar las líneas de productos y realizar una actividad comprometida y sustentable con el medio ambiente. Tiene 100 empleados y una nueva planta industrial que se certificará bajo las normas FSC 22000 de gestión de inocuidad y seguridad alimentaria que rige para quienes hacen productos en posible contacto con alimentos. Asurin fue primera en el mercado en incorporar a sus paquetes una señalización de Ecoplas -que impulsa el desarrollo sustentable de la industria plástica- e identifica los packs que son 100% reciclables. “Realizamos una bolsa con una materia prima desarrollada en conjunto con nuestro proveedor en base a nuevas tecnologías que redujeron el espesor del producto y utilizaron hasta un 50% menos de polietileno, logrando una mayor resistencia”, explica Marilú Filipuzzi, Gerente de Marketing. ¿La consecuencia? Una drástica disminución de los kilos de material utilizado y una menor cantidad de kilos de plástico que se envía a disposición. “Avanzamos en el desarrollo de bolsas de residuos en base a biopolímeros 100% biodegradables”, explica. El proyecto se realizó con la marca Asurin, y en la medida gigante para que el impacto del beneficio sea mayor.

De la mano de un grande

Un buen modo de buscar ayuda es recurrir a empresas grandes siendo parte de su cadena de valor. Medoro, empresa familiar fabricante de sobres, rollos de papel y rollos químicos, ingresó invitada por Banco de Galicia al programa Valor. Allí, trabajó en la revisión y elaboración de la misión, visión, código de ética y política de RSE y se sumó a la iniciativa del Pacto Global. Implementación del proceso de Inducción de Personal, diseño de una política de beneficios adicionales y una propuesta de alfabetización -bachillerato para adultos- fueron algunos de los proyectos que se concretaron, cuenta Federico Tenconi, jefe de RR.HH. y Legales y miembro de la familia fundadora de la firma con 220 empleados. En su opinión, se fortaleció la gestión y se generaron beneficios como aumento de la productividad, fidelidad de los clientes, confianza con los proveedores, mayor compromiso de los empleados, imagen corporativa positiva. “Pero lo más importante: más RSE es más utilidades. Como hoy los consumidores optan por firmas socialmente responsables, esto tiene un impacto directo en los resultados”, razona Tenconi.