Una carrera contra reloj para salvar vidas. Como no hay tiempo para hacer análisis, es clave evaluar las señales que arroja el cuerpo.
Dicen los médicos que hace algunos años, cuando alguien llegaba a la guardia por sobredosis, al menos llegaba acompañado: “Un amigo, un padre, alguien que se asustaba y entendía la gravedad de lo que estaba pasando. Ahora no: algunos son chicos y llegan solos en una ambulancia”, describe Damin. En ese momento, no hay tiempo de ponerse a hacer llamados: los minutos para salvarlos, muchas veces, están contados.
Primero, los médicos deben valorar el estado de conciencia en el que llega el paciente y sus signos vitales. Esto quiere decir que, según lo que hayan consumido, pueden llegar en coma, con depresión del sensorio, inconscientes o todo lo contrario: en estado de excitación psicomotriz (mordiendo a alguien, por ejemplo, o a sí mismos) o con alucinaciones.
Luego, de acuerdo a esa primera evaluación ven en qué “toxindrome” está el paciente: es decir, observan el conjunto de signos y síntomas que corresponde a lo que haya consumido. Usan este método porque usualmente el paciente no está en condiciones de decir qué es lo que consumió.
“Por ejemplo, si consumió cocaína, anfetaminas o metanfetaminas va a tener taquicardia, hipertensión y midriasis (pupilas dilatadas)”, explica la toxicóloga Martha Braschi. Es que el trabajo de los médicos, en ese momento crucial, es artesanal: no hay tiempo, tampoco, de hacer análisis.
La pupilas dilatadas aparecen siempre frente al consumo de cocaína, atropina, LSD (ácido lisérgico), plantas y hongos alucinógenos, ketamina, PCP (un pesticida), éxtasis y anfetaminas.
En cambio las pupilas se contraen (miosis) frente al consumo de benzodiazepinas (como el clonazepam), opioides, barbitúricos, alcohol y también en sobredosis de cocaína.
Ahora bien: si en vez de taquicardia el paciente llega con bradicardia (menos de 60 pulsaciones por minuto), les indica que tomó benzodiazepinas, opioides, barbitúricos, alcohol o GHB (éxtasis líquido). En cambio, si tiene taquicardia, pupilas dilatadas, sequedad de las mucosas, retención urinaria, enrojecimiento de la piel, hipertermia y alucinaciones, indica que consumió, por ejemplo, remedios antiparkinsonianos (las famosas pastillas del abuelo) o plantas alucinógenas, belladona, mandrágora, daturas (floripondio).
Inmediatamente después, se evalúa que respire bien, que oxigene bien y que la presión esté bien y se valora cómo funcionan los distintos órganos. “Si no está estabilizado (el corazón late mal, los riñones no funcionan y respira mal) va directo a Terapia Intensiva porque tiene riesgo de vida”, explica Braschi.
Si está estabilizado (el corazón late a una frecuencia adecuada, respira y funcionan los riñones) se busca que el cuerpo elimine la sustancia. “Se le pone suero, oxígeno y, si pasó menos de una hora del consumo, se le puede hacer un lavaje de estómago. Ante un paciente lúcido que acaba de consumir también se puede provocar el vómito, darle un purgante salino o forzar la diuresis para que elimine por orina. En los casos más extremos se les hace hemoperfusión (diálisis) para sacarles la sustancia del cuerpo”, sigue.
Todos quedan internados al menos 6 horas. Los casos más graves que van a terapia intensiva, necesitan mucho más tiempo de internación.
fuente: Clarín

