Corrupción en la Fuerza
Estaba integrada por ocho agentes de la Bonaerense. Encerraban a sus víctimas en una comisaría, amenazaban con armar causas y exigían plata a cambio de protección. Uno de sus denunciantes fue acribillado.
Decime ¿cuánto vale tu libertad?
– Y, puedo juntar 5 mil pesos…
-Por esa guita, ni dos balas te saco.
El diálogo –que terminó a los gritos y con la amenaza directa de “te voy a pegar un tiro”– ocurrió en una oficina ubicada sobre los fondos de la comisaría 8° de Moreno (barrio Las Catonas) la madrugada del 16 de julio 2013. El que amenazaba era un civil que se hacía pasar por policía con el permiso y la complicidad de algunos oficiales de esa seccional y, principalmente, de su jefe máximo, hoy exonerado, preso y a la espera de un juicio oral. El blanco de la amenaza era un hombre al que habían detenido ilegalmente poco antes, junto a un compañero, y al que planeaban acusar de un robo ocurrido en la zona. A menos que su familia pagara por su libertad.
El episodio incluyó desnudar a los dos “detenidos” y obligarlos a hacer flexiones mientras recibían patadas por parte de cinco uniformados. Los policías exigían 70.000 pesos, cobro que no lograron ni cuando fueron a la casa de una de las víctimas y amenazaron a su hijo de 12 años. Allí no hallaron nada de dinero.
El caso fue investigado por el fiscal Juan Bidone, de la UFI de Delitos Complejos de Mercedes. Allí terminó, junto con otros cuatro muy similares, luego de que los fiscales de Moreno (a los que les correspondía por jurisdicción) se excusaran de continuar en el expediente debido a su relación cotidiana con los agentes involucrados.
Bidone juntó pruebas que permitieron exonerar a ocho policías y enviarlos a juicio oral junto con dos civiles que, o bien se hacían pasar por uniformados, o ya habían sido echados de la Fuerza y actuaban como “mano de obra desocupada”. Un noveno agente se suicidó cuando supo que lo iban a detener.
Torturas, extorsión, zonas liberadas, pagos a cambio de no armar causas y reclutamiento de dealers para que trabajaran directamente para la Policía. En la investigación de Bidone (hoy a cargo del tribunal Oral N° 4 de Mercedes) hay de todo, hasta un denunciante/testigo asesinado brutalmente hace apenas unos días. Se trata de Jorge Rodolfo Gómez (48), quien el jueves fue capturado por cuatro hombres vestidos de policías y apareció fusilado poco después con tres balazos en la cara y seis en el pecho.
A Gómez le habían secuestrado dos hijos en mayo del 2013 para lograr que entregara 10.000 pesos semanales provenientes del comercio de drogas (ver Quedate tranquilo…). Era un testigo clave contra los policías y los investigadores creen que su crimen, con características burdas y mafiosas, podría ser un mensaje para otros damnificados por la misma banda que están citados para declarar en el juicio oral.
El primer episodio atribuído a esta banda data del 17 de octubre de 2012. Cerca de las 20, un patrullero con cuatro hombres que se identificaron como policías interceptaron a tres jóvenes que iban hacia un kiosco. Uno de ellos era sobrino de un oficial que había sido compañero y había tenido encontronazos con el comisario a cargo de la seccional Las Catonas, cuando ambos trabajaron en la 1° de Moreno. De hecho, el único que finalmente quedó demorado fue el sobrino del policía, al que le exigieron dinero para no abrirle una causa por unos gramos de cocaína que le habían encontrado.
La cosa pasó a castaño oscuro y el propio tío del joven fue a la seccional y se entrevistó con su ex compañero. “Me pidieron 30.000 pesos para hacer zafar a mi sobrino”, declararía luego el oficial en la causa judicial.
Un mes después, el 13 de noviembre de 2012, volvió a aparecer el comisario de Las Catonas como personaje principal de una extorsión. Un hombre que había sido detenido esa noche con unos gramos de cocaína (supuestamente para su consumo personal) se encontró cara a cara con el jefe policial en la seccional y éste le exigió 25.000 pesos para dejarlo ir. El hombre les aseguró que no tenía tanto dinero. “Si no conseguís la plata de algún modo te vamos a ‘empapelar’ (armar una causa) y vas a parar a la cárcel”, lo amenazaron. Luego comenzaron a golpearlo.
Según los investigadores, el grupo era liderado por el jefe de calle de la comisaría. La familia del hombre logró juntar y entregar 6.000 pesos. En el transcurso de las negociaciones, los policías “comenzaron a alentar al detenido para que vendiera drogas en la zona, que ellos se encargarían de ‘liberarla’ y que antes de hacer cualquier investigación le avisarían, pidiendo a cambio un sobre”, dice el expediente.
Menos suerte tuvo otro hombre que terminó en la comisaría de Las Catonas la noche del 11 de marzo de 2013. Le pidieron 40.000 pesos para liberarlo pero la víctima no pudo negociar. Todo se complicó cuando llegó un oficial de otra seccional que no estaba en la maniobra. “Ya no podemos hacer nada”, le dijeron, y lo registraron como detenido por robo y homicidio.
Fuente: Clarín

