Desde hace siglos se enseñan y se aprenden conocimientos, conductas, actitudes y normas.
Es la base del avance en el conocimiento humano y también es lo que permite la vida en comunidad.
El comportamiento adecuado de cada integrante es lo que permite la supervivencia de cada individuo con menor esfuerzo que el que se necesitaría para efectuarlo en forma solitaria.
La vida en comunidad es una ventaja evolutiva de la que no gozan todas las especies.
Los osos son animales solitarios. No viven en manadas. Toman del medio todo lo que pueden. Eventualmente invaden la cueva de otro oso, roban su alimento y matan a los oseznos sin la menor inhibición.
Los gansos migradores avanzan en una formación en «V» que aumenta la capacidad de vuelo de la bandada.
Cuando el líder de la formación se cansa, deja su puesto a otro que va detrás, manteniendo la formación. Los que van detrás del líder graznan, animando a la vanguardia a mantener el ritmo. Si uno de los individuos cae, algunos de los miembros de la bandada se acercan a esperar que se reponga o que muera, luego de lo cual retoman el vuelo.
Los mamíferos que actúan en manadas (grandes felinos, lobos, elefantes, etc.) son monógamos, cuidan de los cachorros propios y ajenos, respetan el espacio particular ajeno.
Si un individuo quebranta las reglas, lo castigan; si reincide lo expulsan de la manada o lo condenan a muerte. Presentan conductas tranquilizadoras que se transmiten jerárquicamente hacia abajo, evitando las peleas mortales.
Estas actitudes les son inculcadas genéticamente. No necesitan ser aprendidas.
Sin embargo, los seres humanos que también somos gregarios, no tenemos la ventaja de un bagaje genético conductual. Debemos aprender a comportarnos.
Respetar las convenciones, esperar su turno, considerar al prójimo, cuidar de los débiles, enseñar a otros, ceder, perdonar, pueden no ser ventajoso para cada individuo en solitario. Pero resultan imprescindibles para mantener la cohesión social. Dan el sentido trascendente a la vida que caracteriza a la especie humana.
Del quebrantamiento de reglas sociales implícitas o explícitas nace el concepto de delito, que es un atributo social.
Hoy se enseñan y se aprenden múltiples disciplinas técnicas de los más diversos órdenes. Y entre ellos las que nos conciernen, relacionadas con la Seguridad.
Pero también hay que enseñar comportamiento cívico.
La formación de un ciudadano que aprecie y defienda sus atribuciones es mucho más que la observación empírica en los oficios o la lectura de enciclopedias en los profesionales.
Se siguen formando individuos con títulos académicos que, sin embargo, no saben expresar sus demandas sociales en forma argumentada sin agredir de palabra o de hecho al otro, no disciernen los valores que deber ser preservados, cuales son sus responsabilidades, cuales sus derechos y cómo se los defiende.
Los fanáticos intransigentes, demagogos, supersticiosos y otras lacras sociales aprovechan esta ignorancia conductual, parasitando a la sociedad en la que medran gracias al esfuerzo de otros.
La buena formación técnica aislada pone a la sociedad a riesgo de que muchos de sus individuos (tal vez los mas influyentes) sean lo que el filósofo español Fernando Savater llama ISP, «Idiotas Suficientemente Preparados», y añade: «El problema no es lo que no saben hacer sino en lo que no saben ser: humanos entre los humanos, libres pero responsables, críticos pero no obsesos…».
Sólo la enseñanza y el aprendizaje consciente de los valores de la vida en sociedad puede lograr mantener la cohesión social ante las catástrofes -naturales o no- que se abaten sobre nuestros pueblos. La labor de los docentes, y de los padres, no puede soslayar estas lecciones.
Como dice el mismo Savater, «Me impresionó un panel publicitario que vi en Brasil, con una gran foto de Osama bin Laden con la leyenda: «Osama bin Laden, Ingeniero» Y debajo decía:
«Formar profesionales es fácil, lo difícil es formar ciudadanos».
Por esto, eduquemos mejor… o empecemos a temblar!»
Fuente: forodeseguridad

