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La historia de los espías rusos que simularon ser estadounidenses e inspiraron una serie

En la ficción, Philip y Elizabeth viven en EEUU como una típica familia estadounidense. Pero no lo son. Son rusos, de la KGB. En la vida real, los agentes Andrei y Elena fueron desenmascarados recién en 2010

En el marco de las acusaciones de espionaje contra Moscú que pusieron un condimento muy especial a la campaña presidencial de Donald Trump, es llamativo que pocos hayan recordado que el argumento de la serie The Americans está inspirado en un hecho real que, a diferencia de la ficción, no tuvo lugar en los años 80, sino en la posguerra fría, en las décadas del 90 y del 2000. ¿Es esa ubicación temporal un indicio de continuidad entre los métodos del espionaje soviético y los de la Rusia actual? No necesariamente, como se verá.

Por otra parte, teniendo en cuenta que en Estados Unidos el cine y la televisión suelen acompañar los vaivenes de la geopolítica, cabe preguntarse si es casual que el guionista de esta serie inspirada en un caso que no muestra al FBI bajo su mejor aspecto sea un ex analista de la CIA.

Las cuatro temporadas de la excelente serie de Fox cuentan la historia de una pareja formada por la KGB con dos de sus agentes, a los que entrena no sólo para el espionaje sino para actuar como verdaderos «americans». Deberán vivir como un matrimonio y formar una familia. La historia transcurre en los años 80, en la última década de la Guerra Fría que enfrentó a la potencia capitalista con la comunista en un duelo final. Son los Estados Unidos de Ronald Reagan, el presidente que agudizó la tensión con la Unión Soviética (URSS), «Imperio del Mal».

Keri Russell y Matthew Rhys como Elizabeth y Philip Jennings, los espías venidos del frío

Keri Russell y Matthew Rhys como Elizabeth y Philip Jennings, los espías venidos del frío

En un suburbio de clase media de Washington, viven los Jennings, Elizabeth y Philip, 15 años de casados, dos hijos y una agencia de viajes. Pero este «american way of life» ideal es en realidad la cobertura perfecta para las actividades de espionaje del matrimonio que lleva una doble vida total. Sus propios hijos lo ignoran todo acerca de la actividad de los padres e incluso su verdadera nacionalidad. Ellos reclutan informantes, se infiltran en organismos estatales, hacen seguimiento y escuchas de funcionarios, roban y hasta matan con tal de penetrar el secreto de los planes antisoviéticos del país en el que viven; todo mientras intentan eludir la vigilancia algo torpe del FBI.

Lo sorprendente es que esta perfecta infiltración de una familia rusa en los Estados Unidos –un trabajo de larguísimo aliento iniciado por la KGB en los 80- ocurrió verdaderamente. La historia salió a la luz en 2010, al producirse el desmantelamiento de una red de diez espías rusos, que no cayeron por contrainteligencia sino por una delación.

La red de diez espías rusos desmantelada en el año 2010- Arriba, Anna Chapmann y Elena Vavilova (3a y 4a foto). Debajo de Elena, Andrei Bezrukov

La red de diez espías rusos desmantelada en el año 2010- Arriba, Anna Chapmann y Elena Vavilova (3a y 4a foto). Debajo de Elena, Andrei Bezrukov

Los ojos del mundo se concentraron en aquel momento en la fulgurosa Anna Chapman, que no ocultaba su nacionalidad y actuaba con su verdadero nombre: era hija de un diplomático soviético.

Pero en el grupo de agentes capturados había un matrimonio, el de Donald Howard Heathfield y Tracey Lee Ann Foley, que llevaba diez años viviendo en los Estados Unidos, totalmente mimetizados con el medio y con dos hijos de 20 y 16 años, que no sabían que sus padres eran en realidad Andrei Bezrukov y Elena Vavilova, dos rusos siberianos entrenados por los servicios secretos soviéticos para simular una nacionalidad –la canadiense- que no era la suya.

Los hijos de los Bezrukov no hablaban una palabra de ruso e ignoraban las actividades y la verdadera identidad de sus padres

Cuando fueron arrestados, los Heathfield-Bezrukov vivían en Cambridge, Massachusetts, con sus dos hijos que, como en la serie, llevaban nombres tan corrientes como Tim y Alex, no hablaban una palabra de ruso y no tenían la menor idea de las actividades clandestinas de sus padres y de su verdadera identidad.

El día de la redada, 27 de junio de 2010, cuando un comando irrumpió en la casa de los Heathfield al grito de «¡FBI!», la familia estaba festejando el cumpleaños número 20 del hijo mayor. Tim y Alex creyeron que se trataba de una broma. Pero luego de ver partir a sus progenitores esposados, uno de los agentes les dijo que éstos habían sido arrestados por ser «agentes ilegales de un gobierno extranjero».

Los agentes del FBI en la entrada de la casa de los Heathfield-Bezrukov (junio 2010)

Los agentes del FBI en la entrada de la casa de los Heathfield-Bezrukov (junio 2010)

Años más tarde, entrevistado por el diario británico The Guardian, Alex contó que en ese momento pensó que se trataba de un error, de domicilio o de identidad. Quizá los viajes frecuentes de su padre, analista geopolítico en una consultara internacional, eran la causa.

Pero en un breve encuentro que los hermanos tuvieron con su madre en la Corte de Boston pocos días después del arresto, ella les dijo que aprovechasen los pasajes comprados para unas vacaciones en París y volasen a Moscú. Obedecieron. Supieran o no la verdad, actuaron como dignos hijos de sus padres, reservados, astutos. No hicieron preguntas. «Yo sabía que, si tenía que testificar, cuanto menos supiera mejor. No quería confundir mi opinión con nada. No quería preguntar, porque era obvio que nos estarían escuchando», explica Alex años después, al Guardian. «Ellos arriesgaban la cadena perpetua, y si yo tenía que testificar, debía creer totalmente en su inocencia».

Los Heathfield-Bezrukov en Tribunales

Los Heathfield-Bezrukov en Tribunales

Nunca antes habían estado en Rusia. Al llegar, los recibieron personas que se presentaron como «colegas» de sus padres. «Nos mostraron fotos de ellos a los veinte años, de uniforme, con medallas. Ese fue el momento en el cual pensé: ‘Ok, es cierto’. Hasta entonces, me negaba a creerlo», dijo Alex.

Pocos días después, el 9 de julio, Andrei y Elena llegaron a Moscú. Los diez agentes habían sido intercambiados por cuatro ciudadanos rusos encarcelados por espiar en favor de Occidente. El presidente ruso de entonces, Dimitri Medvedev, los condecoró en una ceremonia en el Kremlin.

La expulsión a Rusia de los diez agentes tuvo lugar en tiempo récord porque Barack Obama no quiso echar más leña al fuego de una relación bilateral tensionada por la guerra en Georgia.

Andrei Bezrukov en la actualidad

Andrei Bezrukov en la actualidad

Casi todos los miembros de la red llevaban largo tiempo establecidos en EEUU, con una inserción social sólida y contactos bien cultivados con académicos, empresarios y funcionarios de áreas como defensa o finanzas. El FBI bautizó Ghost Stories a la operación, en referencia a las identidades robadas a muertos.

La historia de los Bezrukov pasó algo inadvertida para la prensa en su momento pero no para el ex analista de la CIA Joe Weisberg que la usó como material para escribir el guión de la serie The Americans.

Los Jennings, una típica familia estadounidense (The Americans)

Los Jennings, una típica familia estadounidense (The Americans)

Para Tim y Alex aquel arresto implicó un tránsito brutal a otra vida, otro país, otra nacionalidad, otra prehistoria familiar. Mamá y papá se llamaban en realidad Andrei Olegovich Bezrukov y Elena Vavilova, y la KGB los había entrenado para convertirlos en agentes encubiertos e infiltrarlos en Estados Unidos. Los verdaderos Donald Heathfield y Tracey Foley habían muerto hacía muchos años y su identidad había sido usurpada.

¿Qué país que no fuese Rusia podía haber pensado en montar una operación tan compleja y de tan largo plazo? (The Guardian)

Ninguno de los diez espías deportados dio detalles acerca de cuál era su misión en EEUU, ni sobre el entrenamiento recibido en el Departamento S, el más secreto de la KGB, a cargo de las misiones en el exterior. Se pensaba además que el programa que llevaba adelante esa sección había sido suspendido al derrumbarse el régimen soviético en 1991. Pero la caída de los Bezrukov en 2010 demostró que no era así.

Philip Jennings (Matthew Rhys), caracterizado para su actividad de espionaje (The Americans)

Philip Jennings (Matthew Rhys), caracterizado para su actividad de espionaje (The Americans)

«¿Qué país que no fuese Rusia podía haber pensado en montar una operación tan compleja y de tan largo plazo?», se pregunta The Guardian. Muchos servicios extranjeros usan agentes encubiertos y ninguna potencia renuncia al espionaje; baste recordar que no hace mucho, todavía con Obama, Washington tuvo que disculparse por escuchas telefónicas a algunos aliados como la canciller alemana Angela Merkel.

Pero sólo los rusos han entrenado espías para hacerlos pasar por oriundos del país objetivo y camuflarlos por completo.

Cuando Vladimir Putin, entonces Primer Ministro, recibió a los Bezrukov como héroes a su llegada a Moscú, dijo: «Imaginen nada más: ellos tuvieron que aprender un idioma extranjero como si fuese su lengua materna. Tuvieron que hablar únicamente esa lengua, pensar en esa lengua, mientras seguían sirviendo los intereses de la patria durante largos, muy largos años. Sin contar con protección diplomática. Exponiéndose al peligro todos los días».

Fuente: Infobae