Siempre se ha hablado de paz pero poco se ha hablado de reconciliación, cuando debería ser al revés o por lo menos igual. Parte fundamental de la reconciliación es la aceptación y reintegración de personas desmovilizadas. Sin reintegración no hay paz, sin perdón no hay paz.
Es entendible el miedo y sobre todo el rechazo a perdonar, más cuando se ha sido parte de una guerra en donde todos de alguna u otra manera hemos sido víctimas.
La historia ha demostrado con hechos que la paz puede ser una realidad cuando hay perdón, pero depende de todos, no solo de los gobiernos o de los gobernantes, es una responsabilidad comunal.
Tuve la oportunidad de estar en Ruanda hace algunos años y conocer de cerca todo el proceso de reconciliación que vivieron después del genocidio de 1994. No se me olvida una frase que me dijo un ruandés estando allá: “No olvidar para que nunca se repita”. Al final de eso se trata, de no volver a repetir los mismos errores, pero también de perdonar.
Recuerdo también que me contaron orgullosos de cómo se reúnen una vez a la semana en las distintas comunidades para discutir lo que a cada uno le molesta y así poderlo hablar de frente para que no se acumulen rencores que después puedan terminar en algún problema.
Hoy en día entre los que alguna vez fueron tutsis y hutus conviven y se dicen las cosas en la cara con franqueza pero con amabilidad.
Lo más increíble es que nunca existió ningún rasgo racial o lingüístico que los diferenciara, simplemente nacían siendo de una comunidad o de la otra y sin ninguna otra razón eso ya los hacía enemigos. Esta situación absurda, no muy lejana de la que se vive en ciertos países latinoamericanos, dejó cerca de ochocientos mil muertos, algo difícil de olvidar pero al final no quedó otra opción que perdonar.
América Latina ha sufrido durante muchos años por violencia, pobreza, desigualdad, hambre y muchas otras cosas. Durante décadas los gobiernos han intentado abordar nuestros males con distintas estrategias, algunas han funcionado mejor que otras pero hay algo claro para mí, combatir violencia con violencia no llega a ningún lado. Al final del día es un círculo vicioso que sigue acumulando traumas y resentimientos. De ahí solo salen mas balas.
La gran mayoría de jóvenes que delinquen lo hacen por falta de oportunidades y por necesidad.
En la ‘1.ª Encuesta Iberoamericana de Juventudes’ realizada por la OIJ y el BID encontraron “diez paradojas de los jóvenes iberoamericanos” que son muy dicientes de lo que buscan las nuevas generaciones versus lo que les ofrece la vida. Acá algunas de estas conclusiones:
– Los jóvenes iberoamericanos tienen más expectativas de autonomía pero menos opciones para materializarla.
– Poseen más acceso a la educación y menos acceso al empleo.
– Son más aptos para el cambio productivo, pero más excluidos de este.
Si hay algo claro es que en Iberoamérica existe una juventud con muchos sueños, con ganas de empujar y salir adelante pero no se están dando las oportunidades.
Cómo pretender la paz si no se generan nuevas opciones de vida para los que se quieren reintegrar. La reintegración es una labor de todos; no solo los gobiernos tienen la responsabilidad de hacerlo.
Yo vengo de Colombia, estamos en medio de un proceso de paz. A muchos les preocupa que haya impunidad, que se perdonen los delitos cometidos, que se les reconozca como partido político, que se haga un borrón y cuenta nueva. Yo lo único que realmente creo es que dentro de todos esos guerrilleros hay una gran mayoría que están ahí porque no tuvieron otras oportunidades, por que los forzaron a estar ahí, por que el Estado no tenía presencia donde vivían, porque mataron a sus familias para obligarlos a irse al monte. A ellos el Estado y la sociedad les deben otra oportunidad.
Ellos también son parte de esos jóvenes iberoamericanos que tienen o han tenido expectativas de autonomía pero no han podido materializarlas. Ellos y muchos jóvenes más están no solo esperando ser perdonados sino también quieren perdonar, porque a ellos también les duele que nunca nadie les ofreció un buen lugar. Es hora de ofrecerles ese lugar.
Yo quiero ser parte de la primera generación de paz de nuestra historia. Es momento de perdonar, yo quiero perdonar.
autor:Juan Fernando Fonseca (Cantautor)
fuente: Sin Miedos

