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La “sensación” vale tanto como las cifras reales del delito

Durante años el gobierno minimizó la percepción de inseguridad que crecía en la población. “Es una sensación”, repetían encumbrados funcionarios, que se contraponía con “los datos de la realidad”, es decir, las estadísticas que aparentemente confirmaban lo contrario -cifras de delito en baja-, aunque los datos sobre los cuales se basaba esa afirmación nunca aparecían públicamente, también por decisión política.

Para la administración saliente, la “sensación de inseguridad” era “una construcción” de la prensa hegemónica que tenía como objetivo minar la credibilidad del Gobierno en cuanto a seguridad pública. Sociólogos y especialistas en medios han dado cuenta del impacto que, efectivamente, puede tener en los ciudadanos -“las audiencias”- la difusión a repetición de los hechos criminales y del dolor o estupor de quienes los padecen como víctimas.

Pero tanto o más cierto que eso es que las encuestas de victimización e inseguridad subjetiva (las que miden “la sensación” ciudadana frente al delito) son tan importantes como las estadísticas puras y duras (judiciales o policiales) a la hora de trazar una política criminal seria.

Los índices de victimización, además de la percepción de las personas con respecto a la seguridad -entendido esto como las posibilidades de convertirse en un número más de las estadísticas- proveen una buena información acerca de las necesidades, esto es, “lo que la gente quiere o busca” en cuanto a seguridad. Pero también puede dar información sensible acerca de otras cuestiones relacionadas con la seguridad: desde cambios de hábitos y la adopción de medidas físicas puntuales en materia preventiva hasta datos que echan luz sobre la prestación estatal del servicio de seguridad y justicia y, en consecuencia, sobre la real dimensión de certeza de las estadísticas.

Que menos de la mitad de las personas que sufrieron un delito lo hayan denunciado no sólo revela que la información estadística es insuficiente y no refleja la situación real del delito: demuestra, también, la falta de confianza en la policía y en los jueces de parte de la sociedad.

La situación ideal, en materia criminalística, es contar tanto con estadísticas como con encuestas de victimización, de forma tal de analizarlas en conjunto y, así, poder elaborar mejores políticas, más dinámicas, ajustadas tanto al movimiento del “mapa del delito” como a los cambios de humor de los ciudadanos.

Muchos argentinos pueden sentir temor a la realidad económica y otros perciben estar amenazados en su estabilidad laboral, pero el miedo al delito es compartido mayoritariamente por todas las clases sociales: nueve de cada diez argentinos se consideran potenciales víctimas de la delincuencia.

El dato surge de un trabajo del Observatorio de la Deuda Social Argentina, el grupo de investigación de la Universidad Católica Argentina (UCA), que comparó sus informes sobre victimización e inseguridad subjetiva en la población urbana argentina entre 2010 y 2015. En ese período, el miedo al delito no afectó nunca a menos del 80 por ciento de la población.

La percepción de riesgo está asociada a otro indicador exhibido en el análisis de la UCA: tres de cada diez hogares fueron víctimas de delitos, en un porcentaje que tuvo una mínima disminución en 2015 con relación al año anterior, para pasar del 31,1% al 27,7%. Los investigadores lo asociaron al despliegue especial de fuerzas de seguridad en el año electoral. Pese a que la sensación de inseguridad recorre a toda la sociedad, la clase media es la más golpeada por la delincuencia.

La desconfianza es otro síntoma de la situación. Menos de la mitad de los afectados realiza la denuncia.

El informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA advierte que la inseguridad subjetiva -representada por el temor del 87,3% de la población a ser víctima de un delito- determina cambios en los comportamientos individuales, con personas que al no poder sentirse protegidas en su entorno presentan malestares psicológicos. En las encuestas, que cada año abarcaron 5683 casos, los consultados manifestaron llevar una vida poco feliz a causa de ese miedo.

“Los datos nos indican que atravesamos una pandemia en el sentimiento de inseguridad. Eso produce una anomia social, con ruptura de los lazos de solidaridad y de apoyos. Se evita usar el espacio público, las plazas se vacían. Hoy alguien golpea una puerta en pedido de auxilio y en general se lo ignora por esa percepción de poder convertirse también una víctima”, explicó Agustín Salvia, coordinador del estudio.

Si bien el temor al delito se mantiene muy elevado, en el último año electoral se redujo un poco el foco social sobre la inseguridad. En 2015 el delito fue considerado como el principal problema de la Argentina por el 32,2% de los encuestados. Un año antes había señalado lo mismo el 42,5% de los entrevistados. Con la disputa electoral abierta tomaron más fuerza otras cuestiones, como la desigualdad social, la corrupción y el narcotráfico.

El tema del avance narco también forma parte de la sensación de inseguridad colectiva. En otro documento elaborado este año por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA se había establecido que entre 2010 y 2014 se duplicó la percepción sobre la venta de estupefacientes en barrios de clase alta; alcanzó el 26% de las zonas sondeadas en la ciudad de Buenos Aires. En el conurbano el sentimiento de vivir rodeados de puntos de venta de drogas llegó al 75 por ciento.

En el informe sobre la evolución del problema de la seguridad en la Argentina se indicó que el narcotráfico empezó a ser considerado un problema central por el 6,8% de los consultados. Así, el ítem “narcotráfico” se independizó del capítulo de la seguridad pública por peso propio ante la opinión pública.

Salvía comentó a LA NACION que las percepciones de inseguridad no son generadas por los medios de comunicación y por la difusión de casos emblemáticos, tal como se afirmó durante la gestión kirchnerista, sino que las cifras del delito, con al menos tres de cada diez hogares afectados directamente por robos cada año, muestran “que existe una real y alta posibilidad de ser víctima del delito en la Argentina”.

Bajo nivel de denuncias

El sector más vulnerable es la clase media no profesional, convertida en el grupo más victimizado. En ese sector el 32% respondió haber sido víctima de asaltos, frente al 24% registrado en barrios humildes. En todos los niveles sociales se mantiene una alta desconfianza a la hora de realizar la denuncia, circunstancia que impide contar con cifras concretas de la penetración del delito con herramientas diferentes a las encuestas de victimización.

Sólo el 47% de las víctimas denunció el hecho, revela el informe.

“Básicamente se considera una pérdida de tiempo la realización de la denuncia, especialmente porque se tiene la convicción de que no producirá resultados positivos”, indicó Salvia a la hora de analizar las respuestas al cuestionario de la UCA llevado adelante en la ciudad de Buenos Aires, el conurbano y las principales ciudades del interior.

Pese al rechazo que generaban en el gobierno anterior, los sondeos de victimización son aportes bien ponderados en muchos países a la hora de trazar sus políticas de seguridad. Particularmente por el blanqueo de las cifras negras del delito no denunciado en el ámbito judicial. Eso lo escucharon, por ejemplo, todos los ministros de seguridad del país reunidos en julio pasado en el Consejo de Seguridad Interior.

Todos anotaron las consideraciones realizadas por el jefe de la Policía Nacional de Colombia, general Jorge Nieto Rojas. Ese oficial explicó que su propia fuerza realiza encuestas de victimización para determinar los puntos calientes del delito y a partir de los resultados poder desarrollar despliegues especiales.

Los sondeos sobre temores sociales pueden mostrar una fotografía de una sociedad que tiene bastante aproximación a la realidad cuando son sostenidos durante varios años. En Alemania, por ejemplo, se publicó el mes pasado una encuesta a nivel nacional y se señaló que el miedo a ser víctima de un delito alcanzaba al 34% de sus habitantes. También se destacó que esa cifra había tenido un crecimiento inesperado con respecto al 22% registrado cuatro años antes. Los mayores temores de la sociedad teutona reflejados en aquel sondeo fueron la demencia senil y no ser atendidos en la vejez, con un 48%, mientras que el miedo que provoca ser afectado por el terrorismo trepa al 45 por ciento.

Son tópicos diferentes a los de la Argentina, cuyos temores se sustentan en datos concretos. La tasa de robos en la ciudad de Buenos Aires es de 2064 cada 100.000 habitantes. Y en 2013 un informe de la ONU señaló a nuestro país como el de mayor tasa de delitos de América latina. Por eso, suponerse aquí como potencial víctima de un delito no es simple un estado de paranoia.

La mayoría de los hechos, con violencia

Según un relevamiento de la Universidad Torcuato Di Tella en septiembre pasado, el 64% de los delitos cometidos fueron violentos. El hurto de objetos personales y el robo en viviendas se ubicaron con el 10% y el 7%, respectivamente.

El Laboratorio de Investigaciones sobre Crimen, Instituciones y Políticas (Licip) de la casa de altos estudios estimó que en septiembre de este año en el 27% de los hogares al menos uno de sus integrantes fue víctima de un hecho delictivo en los últimos 12 meses.

Eso representa una disminución de 7,5 puntos porcentuales con respecto al valor observado en septiembre de 2015 y 1,8 puntos porcentuales menos que lo que se había registrado en agosto de este año.

La mayor cantidad de hechos ocurrió en distritos urbanos de hasta 500.000 habitantes. El Licip se basó en 1211 encuestas realizadas en la Capital, el conurbano y ciudades grandes del interior del país.

Fuente: La Nación