La llegada del teléfono celular a nuestra vida cotidiana nos ha brindado, sin dudas, numerosas ventajas y comodidades, permitiéndonos sobre todo, permanecer disponibles para ser llamados o mantener una conversación prácticamente desde cualquier lugar. Sin dudas este aspecto ha mejorado sensiblemente nuestra calidad de vida pues nos permite realizar una actividad fuera de nuestro hogar o alejado de una línea telefónica fija y continuar en plena capacidad de atender asuntos de nuestro interés.
Al mismo tiempo, el celular se ha convertido en un instrumento de trabajo insustituible en innumerables rubros que requieren comunicaciones ágiles y donde otra alternativa de comunicaciones no sería accesible, brindando un servicio que redunda en optimización del tiempo, mayor eficiencia y, eventualmente, en protección de la vida humana.
Por eso no podemos sino dar la bienvenida a estos dispositivos e incorporarlos a nuestra vida como un instrumento indispensable pues han llegado para aportarnos bienestar.
No podemos dejar de comentar también que la tecnología ha avanzado muchísimo en este rubro en los últimos años, poniendo a nuestra disposición terminales con capacidades insospechadas hace poco tiempo y que ofrecen no sólo la función de una línea telefónica inalámbrica sino también una amplia gama de alternativas de comunicación, muchas veces sin gasto alguno y transferencia de datos e imágenes que no dejan de cautivarnos.
Así es como transferimos fotos, vemos videos online, chateamos por alguna aplicación y jugamos el último videojuego con toda facilidad una y otra vez hasta mejorar nuestro record… Y un día nos damos cuenta que ya no podemos vivir sin nuestro teléfono celular pues se ha convertido en parte nuestra y “lo necesitamos”… Nos hemos convertido en adictos a ellos de tal forma que nuestra vida de relación con las demás personas y toda nuestra existencia está condicionada a “tener señal”…
Cada día es más común ver conversaciones y reuniones de trabajo interrumpidas por el sonido de algún celular y por alguna persona contestando un llamado, dejando a su interlocutor en espera casi desconsideradamente. También se advierte que muchas personas no pueden dejar pasar más de algunos minutos sin dejar de verificar su terminal para ver si ha entrado algún mensaje o comunicación o simplemente para abrir tal o cual programa o sitio web para ver sus novedades. Estamos atrapados…
Este fenómeno de distracción adictiva se ha evidenciado ya en las fuerzas de seguridad y es frecuente encontrar a un agente de esas instituciones con toda su atención puesta en la pantalla de su teléfono en desmedro de su actividad. Varias provincias en la Argentina han adoptado medidas drásticas para enfrentar el abuso en uso del celular, entre ellas Buenos Aires, Catamarca, Córdoba y Salta, las que han prohibido totalmente el uso de terminales a todo personal que se encuentre en servicio. Sin duda, tan importante decisión, que roza inclusive los derechos intrínsecos a las personas, surge de la dimensión que ha tomado este problema en funciones en las que debe primar la vigilia atenta.
Las empresas de seguridad privada están expuestas a estos mismos riesgos, en los cuales los vigiladores, inmersos en una rutina que hasta se puede tornar aburrida por momentos, sucumben ante la tentación de recurrir a su teléfono celular en busca de entretenimiento. Adicionalmente a la pérdida de atención en las actividades que produce el uso del celular, debemos añadir como aspecto desfavorable la imagen negativa que representa un vigilador que es visto constantemente en esa circunstancia.
En otras oportunidades, hemos recalcado la importancia que tiene en el desempeño de la actividad de seguridad privada, el proyectar una actitud alerta y un lenguaje corporal correcto. Sin duda, un vigilador que es observado repetidas veces usando su teléfono, producirá un cliente insatisfecho y generará medidas de corrección por parte de la empresa. Debemos recordar que una de las tareas básicas de la seguridad es la vigilancia. Esto implica observar un determinado proceso, monitorear algún sistema de video cámaras, recorrer instalaciones, etc., tareas todas que tienen algo en común: necesitan de nuestra atención. El vigilador de seguridad privada es ante todo una persona atenta a su entorno y con la capacidad de distinguir situaciones anormales que pueden implicar riesgo. Es necesaria la concentración y el control minucioso.
Queda explícito entonces el objetivo de este artículo de buenas prácticas, pues la tarea del vigilador va en contra con cualquier distracción proveniente del apego a los dispositivos electrónicos que hemos mencionado. Se dirá que son necesarios para esas indispensables comunicaciones en momentos de crisis…es verdad. También es verdad que debemos ajustar su uso a lo estrictamente profesional.
De tal manera, tengamos presentes estas recomendaciones durante las horas de trabajo:
• Mantener los dispositivos en un lugar accesible pero no en la mano.
• Realizar las llamadas o comunicaciones que sean las estrictamente necesarias, incluidos mensajes de texto o chat.
• No realizar llamadas extensas.
• Contestar las llamadas en forma escueta sin prolongar la comunicación. Excusarse diciendo que se está en horario laboral.
• No usar el dispositivo para mirar videos.
• No usar el dispositivo para jugar video juegos.
• No usar el dispositivo como navegador de internet.
El abuso del teléfono celular afecta seriamente la vigilia, concentración y atención en las actividades de seguridad privada. ¡Por favor, actúe en forma profesional!




